Adelaida S D`Elia Yanes

martes, 26 de junio de 2012

Asumir Las protestas de los 80

   Asumir la protesta estudiantil, como construcción de identidades y como proceso promotor de la participación ciudadana anti sistémica, parte por entender que los actores sociales legitiman sus reivindicaciones por medio de las luchas insurgentes y que se contraponen a lo legal y establecido. Es de esta manera cómo se concibe la cohesión social y las pautas interactivas de los sujetos insurgentes.

   El proyecto de los movimientos sociales de los años 80 y 90, manifestó y definió un nuevo proyecto hegemónico, la perfección de un proyecto de hegemonía alternativa, que se basa en la consecución anti/sistémica de un nuevo proyecto nacional, y más aún en la descontextualización abrupta del sistema neoliberal consensuado, recuperando así el proyecto contrahegemónico de Armando Gramsci en los mismo términos del aportar por construir una hegemonía de base para la transformación de la sociedad y del Estado.

   Es entonces que la necesidad de que los movimientos estudiantiles hayan sido reivindicados como generadores de espacios de participación política y social dentro del país se hace necesaria, ante el evidente secuestro de los espacios de participación que estaban viviendo estos estudiantes por parte de la represión policial, y la manipulación mediática de los 80 y 90, generando así un proceso de sentimiento de desesperación política. 
   
   Este proceso de vivencia, y esta mercantilización de los espacios educativos, generará en muchas de las subjetividades insurgentes de la izquierda, un compromiso político con el país y algunas pautas colectivas que se traducirán luego en una cultura de la protesta estudiantil, protagonizando sucesos abiertos como el “Caracazo 1989”.

   En este sentido, el interés que nos guía va referido al análisis ideológico y socio-político de las luchas estudiantiles desde 1982 hasta 1992, como proceso de construcción de identidades políticas juveniles anti sistémicas y su influencia en el alcance de la deslegitimación del sistema neoliberal venezolano de estos años. Asi como, la necesidad de identificar estos movimientos como luchas reivindicativas contrahemónicas de clase.
 
   El discurso oficial mediante el cual el Estado descalificaba a los movimientos anti sistémicos ante la opinión pública, pretendió y logró en muchos casos esconder la desmesurada agresión a los manifestantes en todo el país. La militarización y judicialización de los componentes civiles de la protesta estudiantil, entra en el ámbito de la represión a las luchas populares, con el logrado objetivo de reprimir y eliminar los elementos opositores al orden institucional de aquel entonces sin mediar el derecho a defensa ni garantizarse ni procurarse el bienestar de la comunidad, objetivo fundamental de las solicitudes de reivindicación de los estudiantes. Ello trajo como consecuencia el uso de las instituciones judiciales militares, como instrumento determinante para eliminar la politización creciente de la universidad; fenómeno que ocurro no solamente en Venezuela sino en todas las universidades latinoamericanas en ese entonces, lo importante a recalcar aquí es que: el movimiento popular de los años 80 y 90 no tuvo otro medio de difusión que la toma de las calles; movilizaciones y protestas que incluso no solo tuvieron un carácter espontaneo devenido por medidas institucionales con las cuales el común se siente agredido, sino que eran producto de provocaciones, mucha de las veces premeditadas para crear un nivel tan exaltado de protesta, que justificase la represión policial.

  Ahora bien más allá de todo esto, ¿dentro de la década de los 80 no surgió un movimiento estudiantil netamente distinto al de los años anteriores? 

   Si esto fuera cierto, dichos movimientos deben estar inmerso bajo las características de un periodo de inestabilidad política, económica y social que afectó en gran medida al sector estudiantil universitario y las universidades nacionales en general, mediante las limitaciones presupuestarias, provocando premeditadamente manifestaciones de protestas que desencadenaron en hechos de violencia que rebasaron los límites de la comunidad estudiantil y más aún del sistema capitalista, influyendo de manera directa en los otros sectores de la sociedad, y generando el clima propicio para que se conformara un Pre-Caracazo.
  
  Entonces no valdría la pena preguntarse, ¿Fue este proceso de construcción de identidades, los inicios de un proceso revolucionario que terminaria por acabar el sistema economico neoliberal? ¿y en que medida los movimientos revolucionarios de los 80 y principio de los 90, son y fueron los principales responsables de la lograda deslegitimación del Estado liberal de finales de los 90?

1 comentario:

  1. Es importante recalcar que el capitalismo liberal, cuando entra en su más grande crisis de legitimidad fomenta el conflicto de clases por medio de la mercancía, más aún dilata y disuelve la identidad de clases y fragmenta la conciencia de clases por medio de la desigualdad social en poder y fortuna.
    Es aquí cuando la cultura de la protesta estudiantil se convierte en una lucha contrahegemónica de clases. Las identidades políticas estudiantiles reivindican la auto conformación de clases a partir de levantamientos ante el aparato represivo, deslegitimando el carácter de confrontación de clases del capitalismo liberal a través de sus alianzas y defensa de los derechos de clase de los sectores marginados (al margen de las prerrogativas que ofrece el Estado).
    El concepto de lucha se entiende como reivindicación de los derechos referidos a la ciudadanía integrada y no como erróneamente se ha querido caracterizar como confrontación de fuerzas reaccionarias. En esta medida los movimientos sociales pasan a ser como explica López Sánchez:

    Una forma de hacer política por medios no convencionales, por parte de los grupos desprovistos de poder y que no tienen acceso a las formas institucionalizadas de acción política (…) los cuales surgen en medio de crisis políticas, o en el marco de procesos de apertura política que favorecen la acción de los grupos de oposición. (…) surgidos por los cambios estructurales del sistema capitalista, así como de la desestructuración de la institución capitalista. (López Sánchez; 2005: 4)

    Los movimientos sociales a partir de la lucha y la auto conformación de clases, componen elementos reivindicativos que son vistos ante el capitalismo liberal como elementos de conflicto social anonimizando de esta manera el movimiento estudiantil, a partir de su propio carácter confrontacional deslegitimo.
    Por esta razón es necesario que el conflicto sea visto desde la perspectiva de Lewis Coser:
    El conflicto ayuda frecuentemente a revitalizar las normas existentes o contribuyen a la emergencia de otras nuevas. En este sentido, el conflicto social es un mecanismo para el ajuste de normas adecuadas a nuevas condiciones. Una sociedad flexible se beneficia con el conflicto porque tal conducta, al ayudar a crear y modificar normas, asegura su continuidad en condiciones modificadas. (Rex; 1968:146)

    El conflicto es visto como proceso de manifestación y desarrollo político asociado a la madurez política de los pueblos. Por ende la lucha por los derechos de clases pertenece a una necesidad de liberación de las identidades, y no como parte de “la sociedad del espectáculo”.

    De este tema Ranciére nos explica que:
    Todas las formas de destrucción del Estado de Bienestar, la seguridad social, las leyes de trabajo etc.… han sido justificadas por la necesidad de adaptar las economías locales y la legislación local a la coacción de esta revolución histórica ineludible. De esta forma, todas las formas de resistencia a esos supuestos han sido consideradas como actitudes reaccionarias de segmentos de la población que aún se aferran al pasado, asustadas por la evolución histórica que destruiría sus estatus y privilegios, y por consiguiente obstruyen el camino del progreso (Rancieré; 2010:83)

    Lo que se quiere decir con esto es que, todas las formas en que el Capitalismo Liberal se manifiesta, suponen a la vez una aceptación hacia las actuaciones de este sistema, aún así como se venía desarrollando anteriormente, el Capitalismo Liberal la cataloga como “sociedad del espectáculo” a los movimientos sociales de naturaleza anti sistémica con el fin de anularlos. Esta es la manera como el capitalismo liberal logra controlar a los movimientos sociales, anonimizando a través de calificar como opositores y “Sociedad del espectáculo” a las manifestaciones sociales, logrando consigo dominarlas, mantenerlas caducas y fuera de las normas establecidas en la medida de que el Estado y la representatividad soluciona los problemas de un pequeño grupo poblacional.

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