Adelaida S D`Elia Yanes

jueves, 6 de diciembre de 2012

Cuando la estrategia sigue y las barreras se transgreden (La importancia de los mass media en la criminalización de la protesta)



Actualmente las fuerzas fascistas israelitas están  protagonizando en el pueblo palestino una masacre inminente, con el supuesto negado de encontrar “armas nucleares” en una de las poblaciones más pobres y pisoteadas del mundo, como lo es Palestina.

Esto nos da a ver que, cuando las fuerzas policiales y políticas del mundo (los mass medias) mantienen la premisa de criminalizar la lucha, toda tergiversación se hace posible, desde inventar falsos “desastres nucleares”, pasando por las “ayudas humanitarias” hasta llegar a los “criminales disidentes” y,  todo esto,  enmarcado en los estándares mediáticos del cuarto poder.
Humberto Eco escribía en 1987[1]


No hace mucho tiempo que para adueñarse del poder político en un país era suficiente controlar el ejército y la policía. Hoy, sólo en los países subdesarrollados los generales fascistas recurren todavía a los carros blindados para dar un golpe de estado. Basta que un país haya alcanzado un alto nivel de industrialización para que cambie por completo el panorama: el día siguiente a la caída de Kruschev fueron sustituidos los directores de Izvestia, de Pravda y de las cadenas de radio y televisión; ningún movimiento en el ejército. Hoy, un país pertenece a quien controla los medios de comunicación. (…) Como ha sugerido el profesor McLuhan, la información ha dejado de ser un instrumento para producir bienes económicos, para convertirse en el principal de los bienes. La comunicación se ha transformado en industria pesada. Cuando el poder económico pasa de quienes poseen los medios de producción a quienes tienen los medios de información, que pueden determinar el control de los medios de producción, hasta el problema de la alienación cambia de significado. Frente al espectro de una red de comunicación que se extiende y abarca el universo entero, cada ciudadano de este mundo se convierte en miembro de un nuevo proletariado. Aunque a este proletariado ningún manifiesto revolucionario podría decirle: «¡Proletarios del mundo, uníos!» Puesto que aún cuando los medios de comunicación, en cuanto medios de producción, cambiaran de dueño, la situación de sujeción no variaría. Al límite, es lícito pensar que los medios de comunicación serían medios alienantes aunque pertenecieran a la comunidad.

    Esto lo recalco porque al igual que en los 80 en Venezuela, en los casos de Libia y  Siria, la guerra expuesta fue una guerra mediática; se daba una cara a los medios de masa que exponían una supuesta guerra civil que no existía, solo con el interés de criminalizar las protestas por medio de los calificativos fascistas.

   En Costa de Marfil, en el año 2009 se establece una “guerra civil” donde participa abiertamente EEUU, la categoría de “guerra civil” no era más que una victimización de las fuerzas represoras que actuaban en Costa de Marfil; lo que implicó  un conflicto étnico-religioso, se convirtió en una “guerra civil”,  que acabo con gran parte de la población; el interés: recursos naturales que EEUU no posee o, si cuenta con ellos, los preserva.   
    Por otro lado, actualmente en Libia ocurre una “guerra civil” invisible, y la llamo invisible porque cuando a nivel mediático las fuerzas contrarias a Gadafi estaban siendo “reprimidas y asesinadas”, a nivel real, el pueblo y el ejercito Libio, respaldaban abiertamente al mandatario; pero lastimosamente la cara mediática a nivel internacional domino la realidad y, hasta la fecha,  Gadafi es visto como un dictador que en el año 2010 asesino a los “rebeldes libios”.             Pero sin irnos más lejos, en Haití,  en el 2010 ocurrió el primer terremoto y en este mismo instante, con la supuesta escusa de una  “ayuda humanitaria”, la OTAN hizo su ingreso a este país; hasta la fecha el pueblo de Haití ha sufrido desde persecuciones a los insurgentes que se oponen a la política de la OTAN, hasta inminentes plagas de salud que exterminan a su población, lo peor de esto es que el país no ha sido reconstruido, y por otro lado los damnificados no han disfrutado de la dignificación, manteniéndolos hacinados en  refugios infrahumanos.                 
Por nada es casualidad que Humberto Eco escribe su Artículo  arriba apuntado,  precisamente en el año 1987, cuando los gobiernos descubrían que no hacía falta el poder policial para controlar a los movimientos insurgentes, tan solo bastaba con obtener el poder de los mass media y, debido a esto,  por ejemplo  en Venezuela, se lograba que jóvenes en su mayoría,  que aparecían asesinados  una mañana, fueran vistos a través de los mass media como delincuentes apresados en una redada, conseguidos con “kilos de droga” o simplemente fallecidos por causas extrañas (sobredosis) en hospitales públicos, cuando en realidad eran estudiantes o luchadores sociales que se atrevían a presentarse con la cara descubierta en protestas públicas. De esta manera se lograba ir exterminando poco a poco a los disidentes.
      No es azar tampoco que, en Venezuela, la Ley de Vagos y Maleantes  conceptualizase, en la década de los 80 su categoría de “maleantes" como  todo aquel, quien trasgrediese o estuviera en contra de las políticas públicas u opiniones de los mandatarios de turno o, como decretó el presidente Carlos Andrés Pérez en un discurso del año 1990: “prohibición de las protestas y encarcelamiento a quien se atreviese a generarlas”.

De esta manera explica Caudia Korol: 

 Algunas de las formas entonces en que se manifiesta la criminalización de los movimientos populares, es el avance del proceso de judicialización de los conflictos, visible en la multiplicación y el agravamiento de las figuras penales, en la manera que éstas son aplicadas por jueces y fiscales, en el número de procesamientos a militantes populares, en la estigmatización de las poblaciones y grupos movilizados, en el incremento de las fuerzas represivas y en la creación especial de cuerpos de élite, orientados a la represión y militarización de las zonas de conflicto. Por todos estos caminos, los problemas sociales y políticos se vuelven procesos penales, en los que el pueblo no tiene forma de intervención, más que como espectador o como “acusado”. De posibles actores sociales, los sujetos en conflicto quedan reducidos a excluidos, a víctimas, o a potenciales criminales.

               
Lo importante es que, a pesar de que actualmente este estereotipo de criminalización a través de la Mass Media, se ha reproducido a nivel mundial en niveles exorbitantes, las luchas e insurgencias de estos países no han cesado, personalidades como Julian Assange, Tariq Ali,  Noam Chomsky, siguen protagonizando intelectualmente la lucha de los excluidos y presidentes, como Mahmun Ahmadineyad en Irán, Basahr Al-Saad en Siria y Mahmud Abbas en Palestina, siguen sin darse por vencidos, ante las transnacionales económicas, políticas y mediáticas.

Tal como recalcaba David García Casado, al referirse a la resistencia:


No hay una opresión visible, directa, sino una represión difusa, global, que ejerce sus puntos directos de tensión sobre los extremos más pobres, más invisibles del planeta, allí donde la ausencia de democracia no se considera como problema a menos que ponga en peligro la apariencia más o menos homogénea de la represión difusa global. Los movimientos de liberación de esta represión, al ser igualmente difusos, dispersos en la inmensidad del panorama democrático de voces, pasan desapercibidos. En este contexto es donde surge el individuo radical.




[1]Tomado del Artículo “Para Una Guerrilla Semiológica”, reproducido en la obra de Umberto Eco, “La estrategia de la ilusión”, Lumen/de la Flor, 1987.

lunes, 12 de noviembre de 2012

No se trata de Victimizar la Lucha



      En estos tiempos donde la ética socialista esta a la expectativa, nos vemos en la necesidad de establecer los criterios por los cuales se debe reivindicar sin victimizar la lucha político-reivindicativa de las identidades estudiantiles de los años 80 y 90.


     Se hace necesaria la conformación de un ámbito de acción mucho más realista, y descentrado en la idea hegemonizarte que nos da a ver que el proceso revolucionario deviene de elementos confortativos de 4F 1992, nos damos cuenta que, esta idea desquebraja de manera determinante la lucha que a pesar de los insultos, los movimientos revolucionarios nacidos en el ceno de las protestas estudiantiles de la década 1982-1992, conformaron y mantuvieron a lo largo de los años, hasta ser hoy por hoy los motores invisibles del proceso revolucionario en el quehacer de la construcción del socialismo bolivariano.

     Evidentemente existe una necesidad de reivindicar la cultura de la protesta estudiantil antisistémica (1982-1992), que buscaba resquebrajar el paradigma hegemónico en esos años. Pretendiendo esta cultura, una nueva forma de hacer gobierno y de ejercicio de la democracia.

     Desde el punto de vista teórico, se insisten en que el carácter de confrontación de clases del capitalismo liberal anonimiza la naturaleza de lucha de los movimientos sociales, ejerciendo la dominación a partir del aparato represivo reaccionario del Estado. En esta medida el conflicto social se convierte en ruptura del orden establecido justificando la criminalización de la protesta y logrando así la completa anonimización del carácter anti sistémico y contrahegemónico del movimiento social.


A esto Habermas aporta que:

No puede contarse con una crisis sistémica de carácter económico en la medida en que los conflictos políticos (lucha de clases) mantengan las condiciones marginales institucionales de la producción capitalista, sin transformar esta, puesto que la propia relación de clases se repolitizó y el Estado asumió tareas tanto sustitutivas como compensadoras respecto al mercado, la dominación de clases no pudo seguirse cumpliendo en la forma anónima de la ley del valor. (Habermas; 1973: 88)


     Esta afirmación de Habermas parece acertada, en la medida de que el triunfo de la lucha reivindicativa contrahegemónica de clases, rompe con el sistema capitalista y las múltiples formas en la cual este se manifiesta a partir de la desnaturalización de las luchas de clase, entonces la estigmatización de las luchas anti sistémicas, provenientes de los diversos medios y mecanismos de deslegitimación de la lucha (medios de comunicación, lenguaje lascivo, manejo del discurso…) no intervinieron en la fortaleza de los movimientos sociales contrahegemónicos.

     Para entender más a fondo esta fortaleza del movimiento estudiantil, es necesaria la conceptualización de la connotación del poder por medio de la fuerza policial y su transformación desde los años 60 hasta los años 80.

     La conformación de la Ley de Vagos y Maleantes en los años 60 y 70, daba legitimidad al uso de las fuerzas represivas por parte del estado a dichos movimientos subversivos, existía una idea de que la represión se hacia mas perenne en la medida de que se conformaban instituciones policiales de alto carácter represor, de manera obvia eran castigados con torturas los estudiantes y movimientos populares que se atreviesen a romper el orden establecido.

     A pesar de que en los 80 esta ley no caducó, la persecución policial y política encontraba a un movimiento estudiantil que, había aprehendido las tácticas y maniobras subversivas de sus homólogos luchadores de los años 60 y 70, por otro lado el aparato policial había comprendido que debía reprimir por medio de la criminalización de la protesta estudiantil, por medio de coartar los espacios de participación, y por medio de liquidar poco a poco los dirigentes políticos que mostraban su rostro a la luz pública. Ejemplo de esto son: la Masacre de Cantaura (1982), Masacre de Yumare (1986), Masacre del Amparo (1988), entre otros.

Tal y como explica Caudia Korol:


La criminalización de los movimientos populares es un aspecto orgánico de la política de control social del capital. Articula distintos planos de las estrategias de dominación, que van desde la criminalización de la pobreza y la judicialización de la protesta social, hasta la represión política abierta y la militarización. Son distintos mecanismos tendientes a subordinar a los pueblos a las lógicas políticas del gran capital, para asegurar el control de los territorios, de los bienes de la naturaleza, de las poblaciones que los habitan, y para reducir, aislar, o domesticar las disidencias (…) El cansancio social provocó una marcada crisis de legitimidad de las fuerzas políticas del sistema, obligando a cambiar las reglas del juego de las diversas fracciones del poder, que debieron readecuar el modelo de gestión de las políticas neoliberales, introduciendo mediaciones estatales que tienden a combinar el neoliberalismo con políticas neodesarrollistas. (Korol, 2009:17)

     Esto es evidencia de que el discurso oficial mediante el cual, el Estado descalificaba a los movimientos anti sistémicos ante la opinión pública, pretendió esconder la desmesurada agresión a los manifestantes en todo el país. La militarización de los componentes civiles de la protesta estudiantil, entra en el ámbito de la represión a las luchas populares, con el logrado objetivo de reprimir y eliminar los elementos anti sistémicos al orden institucional de aquel entonces, sin mediar el derecho a defensa, ni garantizarse ni procurarse el bienestar de la comunidad (objetivo fundamental de las solicitudes de reivindicación de los estudiantes).

martes, 26 de junio de 2012

Asumir Las protestas de los 80

   Asumir la protesta estudiantil, como construcción de identidades y como proceso promotor de la participación ciudadana anti sistémica, parte por entender que los actores sociales legitiman sus reivindicaciones por medio de las luchas insurgentes y que se contraponen a lo legal y establecido. Es de esta manera cómo se concibe la cohesión social y las pautas interactivas de los sujetos insurgentes.

   El proyecto de los movimientos sociales de los años 80 y 90, manifestó y definió un nuevo proyecto hegemónico, la perfección de un proyecto de hegemonía alternativa, que se basa en la consecución anti/sistémica de un nuevo proyecto nacional, y más aún en la descontextualización abrupta del sistema neoliberal consensuado, recuperando así el proyecto contrahegemónico de Armando Gramsci en los mismo términos del aportar por construir una hegemonía de base para la transformación de la sociedad y del Estado.

   Es entonces que la necesidad de que los movimientos estudiantiles hayan sido reivindicados como generadores de espacios de participación política y social dentro del país se hace necesaria, ante el evidente secuestro de los espacios de participación que estaban viviendo estos estudiantes por parte de la represión policial, y la manipulación mediática de los 80 y 90, generando así un proceso de sentimiento de desesperación política. 
   
   Este proceso de vivencia, y esta mercantilización de los espacios educativos, generará en muchas de las subjetividades insurgentes de la izquierda, un compromiso político con el país y algunas pautas colectivas que se traducirán luego en una cultura de la protesta estudiantil, protagonizando sucesos abiertos como el “Caracazo 1989”.

   En este sentido, el interés que nos guía va referido al análisis ideológico y socio-político de las luchas estudiantiles desde 1982 hasta 1992, como proceso de construcción de identidades políticas juveniles anti sistémicas y su influencia en el alcance de la deslegitimación del sistema neoliberal venezolano de estos años. Asi como, la necesidad de identificar estos movimientos como luchas reivindicativas contrahemónicas de clase.
 
   El discurso oficial mediante el cual el Estado descalificaba a los movimientos anti sistémicos ante la opinión pública, pretendió y logró en muchos casos esconder la desmesurada agresión a los manifestantes en todo el país. La militarización y judicialización de los componentes civiles de la protesta estudiantil, entra en el ámbito de la represión a las luchas populares, con el logrado objetivo de reprimir y eliminar los elementos opositores al orden institucional de aquel entonces sin mediar el derecho a defensa ni garantizarse ni procurarse el bienestar de la comunidad, objetivo fundamental de las solicitudes de reivindicación de los estudiantes. Ello trajo como consecuencia el uso de las instituciones judiciales militares, como instrumento determinante para eliminar la politización creciente de la universidad; fenómeno que ocurro no solamente en Venezuela sino en todas las universidades latinoamericanas en ese entonces, lo importante a recalcar aquí es que: el movimiento popular de los años 80 y 90 no tuvo otro medio de difusión que la toma de las calles; movilizaciones y protestas que incluso no solo tuvieron un carácter espontaneo devenido por medidas institucionales con las cuales el común se siente agredido, sino que eran producto de provocaciones, mucha de las veces premeditadas para crear un nivel tan exaltado de protesta, que justificase la represión policial.

  Ahora bien más allá de todo esto, ¿dentro de la década de los 80 no surgió un movimiento estudiantil netamente distinto al de los años anteriores? 

   Si esto fuera cierto, dichos movimientos deben estar inmerso bajo las características de un periodo de inestabilidad política, económica y social que afectó en gran medida al sector estudiantil universitario y las universidades nacionales en general, mediante las limitaciones presupuestarias, provocando premeditadamente manifestaciones de protestas que desencadenaron en hechos de violencia que rebasaron los límites de la comunidad estudiantil y más aún del sistema capitalista, influyendo de manera directa en los otros sectores de la sociedad, y generando el clima propicio para que se conformara un Pre-Caracazo.
  
  Entonces no valdría la pena preguntarse, ¿Fue este proceso de construcción de identidades, los inicios de un proceso revolucionario que terminaria por acabar el sistema economico neoliberal? ¿y en que medida los movimientos revolucionarios de los 80 y principio de los 90, son y fueron los principales responsables de la lograda deslegitimación del Estado liberal de finales de los 90?

lunes, 25 de junio de 2012

Desde un punto de vista teorico

   El neoliberalismo se coarta como modelo de desarrollo y como modelo político-ideológico, en la medida de en que en su esencia existen limitaciones que se reflejan en su capacidad para controlar su carácter hegemónico, el cual se presenta a partir de la auto legitimación de su modelo de desarrollo solo por parte de los Estados y las naciones post-liberales.

   Ahora bien, los límites del neoliberalismo presenciado por la lucha estudiantil que estudiamos, se encuentran en una autodeslegitimación de su carácter hegemónico como proyecto ideológico-político, o como plantearía Jürgen Habermas, como un problema de legitimación.

   Esto quiere decir que, el neoliberalismo posee un sólo límite, que se traduce en sus máximas consecuencias en un problema traumático para las naciones:

Los efectos sociales y económicos del neoliberalismo son tan traumáticos para los trabajadores como lo fueron las anteriores políticas liberales para los campesinos y para la clase trabajadora del pasado, cuando introdujeron la agricultura comercial y las manufactureras desreguladas.(…) existe una imposición política de un modelo económico preindustrial (el neoliberalismo) a una forma social avanzada tiene sus efectos aberrantes sobre la economía y la sociedad. Desarticula los sectores y regiones económicos interrelacionados mientras margina y excluye a las clases productivas (trabajadores y manufactureros) que integran el mercado nacional. (Petras; 2006:34)
   Estos límites que tanto James Petras como Jürgen Habermas plantean se traducen en una deslegitimación de las relaciones sociales de clase, individualizándolas cada día más por privatizar los espacios de convergencia intersubjetiva, que por ende es una negación de la capacidad de las subjetividades para entablar y transformar su propio protagonismo contra-hegemónico.

   El verdadero argumento del Neoliberalismo es la naturaleza de clases del estatismo neoliberal. Esta ideología oculta detrás de su retórica vaga de mercado su verdadera función de ideología de clase, conteniendo en sí misma dos contradicciones: por un lado no es una guía para la acción, y por otro lado no apunta como un encuadre político para la comprensión de las políticas neoliberales.

   Por ultimo el neoliberalismo en su esencia más básica debe ser entendido como una ideología destinada hacia la justificación y promoción irracional de la reconcentración de la riqueza, la reorientación del Estado a favor de los súper ricos, a fin de trasferir las riquezas hacia el capital extranjero, intentando en si deconstruir la esencia de este sistema político.

   Esta situación teorica, llevada a la praxis tendría que ver con una situación economica vivida por los actores sociales, pertenecientes a los movimientos estudiantiles de los 80 y parte de los 90.

   Pero hasta que punto las "realidades" planteadas por Petras y Habermas, deberían estar en concordancia con la base economica administrada desde el Estado monopolizador de la violencia física de los años 80 y 90; quiero decir,  hasta que punto las afirmaciones planteadas por estos dos grandes autores, fueron en alguna u otra medida la condition sine quanon de las politicas neoliberales puestas en práctica por el Estado venezolano de estos años de estudio.

 Y por ultimo ¿en que medida estas medidas conllevaron a un aumento de las manifestaciones de calle de los movimientos estudiantiles?

Desde la praxis, 1982 y sus Concecuencias sociales

   Para el año 1982 con la crisis de México, la decadencia de las economías latino americanas se extendió hasta tierras venezolanas. Después de este declive los organismos como el Fondo Monetario Internacional extendían sus préstamos hacia los países subdesarrollados, mientras que estos países aumentaban sus deudas con dichos organismos, haciendo cumplir a lo interno de sus naciones medidas que menoscababan los derechos sociales (educación, salud y vivienda) como la reducción del gasto social, de modo de hacer sostenible la deuda. Según informes del PNUD para la década de los 80, los tipos de intereses para los países pobres fueros cuatro veces más altos que para los países ricos, debido a su menos grado de solvencia y las previsiones de la depreciación de la moneda nacional.

   En 1982 en tierras venezolanas, aumentó el precio de la gasolina a 57 céntimos de bolívar, mientras que se reducía el gasto social y el gasto en educación. En respuesta a esta situación, en la Universidad del Zulia se inició una extensivachuelga de hambre de los universitarios reclamando las deudas no pagadas hacia las mismas, lo que disminuía la destinación de los recursos hacia las necesidades estudiantiles como: comedor, transporte y becas. El 18 de febrero de 1983 ocurre el llamado “Viernes Negro”, provocando en la población estudiantil una profunda crisis social y política, haciendo que el último año del Gobierno de Luis Herrera Campins se tornara bajo continuas acciones por parte de los movimientos estudiantiles: 24 y 25 de febrero (Huelga y paro universitario indefinido), 3 de marzo (suspensión de las inscripciones por parte de los estudiantes de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez en medida de protesta por el cobro de matriculas) así como medidas agresivas por parte de los gobiernos universitarios: Decisión del Consejo Universitario de la UNESR sobre el cobro definitivo de matrícula por materia a los Estudiantes, decisión del Consejo Universitario de la ULA según la cual se eliminarían comedor, transporte y asistencia médica-odontológica, y decisión del Consejo Universitario de la USB sobre el cobro trimestral de matrícula, reducción de las becas en un 80% y la eliminación de los subsidios de transporte y comedor.

   Ahora bien, lo importante en recalcar aqui es una particular manera de trabajar por parte de las autoridades universitarias, una cierta judicialización de la protesta que se manifiesta en no tomar en cuenta las necesidades del sector estudiantil. Resulta ser una manera de callar a la revelión estudiantil por medio de cerrar cada dia mas los espacios de expresión democrática que los movimientos  creaban.

   Ahora la pregunta es, ¿Socialmente fue el año 1983, una concecuencia o quizás la causa de nuevos desmanes sociales?.